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Abrupta caída en la emisión de tarjetas de crédito en Ecuador

Como si se tratara de una resbaladera o de una montaña rusa, la cantidad de tarjetas de crédito emitidas desde la declaratoria de emergencia sanitaria, al igual que el nivel de consumo de los ecuatorianos utilizando dinero plástico, han caído en picada volviéndose un reflejo de las severas dificultades económicas que viven los ecuatorianos.

Hasta en un 81% se redujo la emisión de tarjetas de crédito si se comparan los meses de abril del 2019 y del 2020, de acuerdo con las cifras de Equifax, el buró de crédito que registra la información crediticia del país.

En abril del año pasado, 81.468 tarjetas nuevas ingresaron al mercado con un cupo total de 279,88 millones de dólares; mientras para este año, una vez que el coronavirus ingresó al país, apenas se emitieron 15.186 tarjetas con un cupo de 59,06 millones de dólares.

La tendencia se ha mantenido para mayo y junio. Durante estos dos meses del 2020, ingresaron al mercado ecuatoriano 18.378 y 24.000 tarjetas nuevas respectivamente; lo cual representa una reducción del 79% y del 74% en relación a los mismos meses de 2019.

Verónica Rodríguez, gerente de Operaciones de Equifax, cree que la brusca caída encuentra una explicación en las condiciones económicas de la población, pero también en “una gran limitación en la movilidad de las personas para acercarse a una entidad financiera y solicitar una tarjeta de crédito”.

Sin embargo, además de reducirse la emisión de nuevas tarjetas de crédito, el volumen de consumo realizado con el dinero plástico que ya está en circulación, también ha experimentado un brusco descenso. Lo anterior es el resultado de la paralización de todo tipo de actividades, que se adoptó en un primer momento para frenar la expansión del coronavirus.

Según las cifras de Equifax, durante los dos primeros meses de este año -antes de que el coronavirus llegara al país- el consumo con tarjeta de crédito se mantuvo en un nivel casi similar: 1.452 millones de dólares para enero y 1.372 millones para febrero.

Para marzo, se registró ya un descenso del 15% en el consumo con dinero plástico (1.183 millones) mientras en abril y mayo la cifra registró una caída libre: 668 millones y 766 millones, respectivamente.

Y aunque en junio el consumo con tarjeta experimentó cierta recuperación (1.098 millones de dólares), las estimaciones oficiales señalan que el país enfrentará este año una recesión económica con pérdida de empleo formal, y por tanto, reducción de la capacidad adquisitiva de la población.  

Según el Servicio de Rentas Internas (SRI), las ventas privadas cayeron en 6.271 millones de dólares durante marzo y abril últimos; en abril, el primer mes completo de paralización de gran parte de las actividades comerciales e industriales del país, las pérdidas llegaron a 4.378 millones de dólares.

Sin miedo, pero con cautela

En el Ecuador circulan 3,3 millones de tarjetas de crédito y su volumen total de saldos o de consumos se ubicó el mes pasado en 7.113,6 millones de dólares. Este monto representa un 14% del total de créditos que maneja el sistema financiero nacional (bancos y cooperativas reguladas).

El dinero plástico ha jugado, desde el inicio de la pandemia, un rol fundamental; con restricciones de movilidad de por medio, “el comercio electrónico ha revolucionado la manera de adquirir productos, desde los más básicos hasta los más sofisticados, y para hacerlo, la tarjeta de crédito se ha convertido en un instrumento indispensable”, afirma Verónica Rodríguez, gerente de Operaciones de Equifax.

Pero dicho consumo ha variado en montos y en preferencias desde que el país entrara en emergencia sanitaria; los ecuatorianos han priorizado la compra de alimentos y de insumos para protegerse de un posible contagio, además de sus gastos en salud y educación. 

“Creo que en estas épocas de crisis es justo cuando nos ponemos a calcular y a pensar hasta en cuánto nos podemos endeudar, cuál es el monto real que puedo pagar a fin de mes, porque la tarjeta de crédito es un compromiso de pago que tenemos que cumplir”, comenta la ejecutiva del buró crediticio. Rodríguez cree que en medio de la difícil situación económica, la población puede aprender a usar de manera más responsable una tarjeta.

Luego de que el país entrara en confinamiento, a mediados de marzo pasado, la Junta de Política y Regulación Monetaria y Financiera emitió una resolución para que los tarjetahabientes pudieran acogerse a dos meses de gracia en el pago de sus cuotas. El 8 de junio, el organismo emitió una nueva resolución para ampliar ese diferimiento de pago de las deudas contraídas por los clientes del sistema financiero (incluidas las tarjetas).

Según dicha resolución, las personas que por primera ocasión quieran posponer el pago de sus cuotas podrán solicitarlo por los siguientes 60 días. Mientras que los clientes que ya habían diferido la cancelación de sus créditos en abril y mayo, y debían empezar a pagarlos en junio, podrán ampliar ese beneficio hasta en 90 días adicionales

Las renovaciones de la prórroga, aclararon las autoridades de la Junta y de la Superintendencia de Bancos, no son automáticas ni obligatorias por parte de los bancos; y solo se pueden hacer efectivas cuando el cliente lo solicita.

Según datos de la Asociación de Bancos Privados, del 1 al 15 de abril los bancos otorgaron beneficios de diferimiento a 1,3 millones de operaciones crediticias en todo el país.

Verónica Rodríguez, ejecutiva de Equifax, recalca que -independientemente del momento económico que atraviese una persona o una familia- el uso del dinero plástico “debe estar ligado a la capacidad de endeudamiento de una persona”. Se trata -añade- “de un instrumento financiero al que no hay que temerle”, pero que conlleva un análisis del presupuesto mensual para determinar el monto por el que se puede asumir una deuda.

El proceso de desconfinamiento, que empezó entre finales de mayo e inicios de junio para gran parte de los cantones del país, ha dado paso a una lenta reactivación del consumo; en el uso de la tarjeta de crédito, la población ha preferido -en estos meses de emergencia- la modalidad de ‘diferido’.

Rodríguez prevé que las cifras relacionadas con emisión de tarjetas y niveles de gasto sigan recuperándose en los próximos meses. Siempre atadas, definitivamente, a condiciones económicas como el desempleo, la reducción de ingresos y el incremento de la informalidad: es decir, al coletazo de la pandemia.

Fuente: Vistazo

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