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¿Cómo afecta a los niños el nuevo Síndrome Inflamatorio Multisistémico y qué recomiendan los médicos?

La tranquilidad que sentían los padres por la supuesta inmunidad de sus hijos hacia el COVID-19 se altera. Un síndrome pediátrico, posiblemente asociado, aparece en escena.

De acuerdo a estadísticas del Ministerio de Salud Pública, hasta el cierre de la última edición de Revista Vistazo, en el hospital Francisco de Ycaza Bustamante se atienede de 10 a 20 casos al día con el nuevo Síndrome Inflamatorio Multisistémico. Mientras que en el hospital Roberto Gilbert ya son 23 los menores en observación por este nuevo cuadro.
 
La enfermedad aparece como una respuesta inmunitaria exagerada realmente peligrosa. El cuadro es muy parecido al de aquellos adultos que se han enfermado por COVID-19 y se encuentran en las últimas etapas de infección, cuando presentan un estado hiperinflamatorio que puede causar fallas en múltiples órganos y poner en riesgo la vida.

Se cree que el síndrome es una variación más severa del Kawasaki (enfermedad que causa inflamación en los vasos sanguíneos de todo el cuerpo), pero no se ha comprobado esta teoría. También se la ha asociado con el coronavirus pero todavía no existe una confirmación científica que lo avale.

La Pediatra Judith Ordóñez Zavala, del Hospital de Niños Roberto Gilbert, explica que la enfermedad afecta principalmente a niños mayores de cinco años, preadolescentes y adultos jóvenes entre 17 a 19 años. “No se contagia de niño a niño. Más del 80 por ciento de contagios son provocados por un adulto de forma intradomiciliaria. Además, solo un mínimo porcentaje de ellos presenta complicaciones”, comenta la especialista.

Los síntomas son fiebre durante varios días, afecciones digestivas (dolor abdominal, vómitos o diarrea), afecciones en piel (erupciones, sarpullido o cambios en el color de la piel), labios rojos, secos y agrietados, y lengua aframbuesada.

También pueden presentarse afecciones oculares (ojos rojos: inyección conjuntival, problemas visuales), hinchazón de manos o pies (edema), dolor en las articulaciones, mareos, dolor de cabeza, palidez, problemas respiratorios, confusión y somnolencia.

El cuadro pediátrico es muy parecido al de aquellos adultos con COVID-19, que presentan un choque tóxico e inflamación generalizada en las últimas etapas de la infección.

Por otro lado, la doctora Maria Vankherhove aseguró a la agencia de salud de la ONU que algunos pacientes que padecen la enfermedad, dieron positivo para COVID-19 y otros no. Esto impide determinar si existe o no asociación con ese virus.

Mientras el director de emergencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el doctor Mike Ryan, aclaró que históricamente a medida que los casos de cualquier enfermedad (en este caso el COVID-19) comienzan a crecer, se empiezan a encontrar síndromes raros. Indicó que el síndrome no se hubiera visibilizado si existieran pocos casos, pero que si se registra un crecimiento exponencial podríamos estar presenciando un posible efecto de la infección.

“Es muy importante aclarar que esto no representa un cambio en la manera como el virus afecta a los pe- queños”, dijo el experto.

La pediatra Shirley Mayon, médico tratante del Hospital de Niños Roberto Gilbert, explica que siempre deben descartar los daños valvulares (válvulas cardíacas que estén afectadas). En el caso de presentarlos, un cardiólogo-pediatra se encargaría del tratamiento para evitar que se genere un daño coronario total en ese pequeño paciente.

“Si no se interviene, el niño quedaría con una cardiopatía adquirida. En pediatría, todas las enfermedades cardiacas o malformaciones en el corazón son de nacimiento. Sin embargo, esta es la única patología que puede provocar una”, comenta.

Además pueden existir complicaciones más severas como inflamaciones coronarias, disfunciones miocárdicas, hipertensión arterial, arritmia, infarto cerebro-vascular y en casos más graves, hasta la muerte.

Tanto el Síndrome Inflamatorio Multisistémico como la enfermedad de Kawasaki se tratan de la misma forma (en el área de terapia intensiva). Se utiliza una medicación a base de inmunoglobulina, que es una solución de anticuerpos que requiere supervision médica para evitar riesgos colaterales.
 
Los especialistas consultados sostienen que si no existen complicaciones los primeros días, el tratamiento es a base de hidratación, paracetamol y una buena alimentación. En casos más graves, depende de los síntomas presentes y el compromi so sistémico, que puede ser cambiante.

También concuerdan en que a pesar de estar en semáforo amarillo, es necesario evitar riesgos y mantener las medidas al pie de la letra. Una de sus principales recomendaciones es no exponer a los niños y manejar la telemedicina, ya que los hospitales son los principales centros de contagio.

Si el bebé llegase a síntoma como fiebre, tos, vómito, diarrea, alteraciones nasales o dolor muscular, hay que mantener la calma. Luego, consultar con su pediatra u otro especialista en caso de emergencia, para que otorgue las indicaciones adecuadas.

Fuente: Vistazo

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