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Bebé en guardería de Quito falleció; la madre pide que el centro sea cerrado

La noche de fin de año, la pequeña Leah vestiría ropa nueva. Pero sus padres tuvieron que ponerle esas prendas para su funeral, tres días antes de que la menor cumpliera 9 meses.

Luego de un mes y medio asistiendo a un centro infantil particular de Quito, la bebé se estaba adaptando, cuenta su madre, Nerely Marcano. No pensó que el viernes 27 de diciembre del 2019, llegaría a buscarla y no la encontraría en la guardería sino en un hospital, sin vida.

Tras días difíciles, la madre conversó con EL COMERCIO, con el objetivo de que más personas conozcan lo que le pasó a su bebé. “Quiero que se haga justicia y que cierren ese centro porque no quiero que otra madre pase por este dolor”.

El último viernes del 2019, Nerely dejó a su bebé en el centro infantil ubicado en el norte de Quito, a las 09:00, como lo hizo las semanas previas. La pequeña estaba en su período de adaptación, por lo que a las 12:30 su madre la retiraba todos los días.

Pero ese día, al llegar se encontró con la peor noticia. Su hija no estaba en el centro. Las cuidadoras del sitio le indicaron que llevaron a la menor al Hospital San Francisco de Carcelén porque “tenía los signos vitales muy bajos y no reaccionaba, pero que ella está bien”. Le preguntaron si le había dado de comer algo que pudiera hacerle daño o si estaba con gripe.

Al llegar a la casa de salud del Seguro Social, el médico le indicó a Nerely que su nena llegó sin signos vitales y que intentaron reanimarla por varias ocasiones sin éxito.

Nerely y su esposo esperaban un milagro. Por eso, cuando les llevaron a reconocer el cuerpo de la pequeña, rezaron con la esperanza de que todo fuera una pesadilla, recuerda la madre de la pequeña Leah, quien llegó, como muchos otros venezolanos, a empezar de nuevo en Ecuador.

Leah nació en este país y a pesar de su partida, asegura Nerely, ella se quedará. “Aquí murió mi hija y aquí me entierran a mí”, dice, afectada por la muerte de su única descendiente.

La Fiscalía investiga lo sucedido. La cuidadora se encuentra con prisión preventiva. La madre no entiende por qué la bebé no recibió el cuidado que debía. Descubrió que la cuidadora de la menor era una pasante, no conocía que estaba a cargo de la niña. Asegura que tampoco supo de la existencia de hamacas en el sitio, ya que cuando lo conoció no estaban en las zonas donde permanecen los menores.

Nerely comentó que, en su declaración, la imputada relató haber puesto a la pequeña Leah en una hamaca para que durmiera y la amarró con una bufanda.

Aparentemente –detalló la madre– la niña se movió o intentó bajarse de la hamaca y se ahorcó.

“¿Cómo es que tienen una hamaca?”, se pregunta la madre, entre otras cosas. También se pregunta por qué desde el centro infantil no le avisaron de lo ocurrido a través de una llamada, sino que se enteró al llegar a recoger a su niña.

“Después solo recibí una llamada de la dueña de la guardería, llorando. Pero ella no estaba en el sitio, cuando mi hija murió se encontraba en la playa”.

Sybel Martínez, vicepresidenta del Consejo de Protección de Derechos de Quito, conoció del caso y se contactó con la familia para ofrecerles apoyo. Martínez señala que es necesario conocer cuáles son las rutas y protocolos para el caso de los centros de desarrollo infantil particulares.

Junto a la madre, el Consejo empezará un análisis para determinar si el centro cuenta con los permisos correspondientes para funcionar y si está adscrito al Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) o al Ministerio de Educación.

Diario El Comercio pidió información sobre el acontecimiento al MIES. La zona 9 de la Cartera de Estado indicó que al momento se levantan informes técnicos del caso. Luego de tenerlos se pronunciarán al respecto.

A su hija, afirma Nerely, siempre le proporcionaron los cuidados necesarios en casa y esperaba que, mientras trabajaba, el lugar al que confió a la pequeña la cuidaría. “Si yo tenía que ir al baño la llevaba conmigo y la sentaba en mi pierna. Ella no merecía morir sufriendo mientras se ahorcaba”.

La madre de familia pide que el centro se cierre y que las personas que trabajan en él no vuelvan a tratar con niños.

Preocupa –dice Sybel Martínez– que el caso quede impune, “que no se haga nada y que se vuelva a abrir otro centro, tal vez con otro nombre, con las mismas personas”. Aún teniendo permisos –añade– “no sabemos si el ente encargado hace una auditoría, ve lo que está pasando y cómo se manejan”.

La ropa que Nerely puso a su bebé para el funeral no fue la única que la pequeña no llegó a disfrutar. También tenían comprado lo que usaría en su primer cumpleaños. Hoy, en medio de un tratamiento psicológico para intentar superar el trauma de la muerte de su bebé, la madre busca resignación y justicia para Leah.

Fuente: El Comercio

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