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Caminar 15 minutos al día o un día de ayuno al mes estimula el cerebro.

Caminar diez a quince minutos diarios o guardar un día de ayuno al mes son prácticas saludables para estimular la actividad cerebral, según el director del laboratorio de Percepción y Memoria del Instituto Pasteur de París, Pierre-Marie Lledo.

El prestigioso neurólogo francés ha cerrado el XVI Christmas Meeting del Instituto de Neurociencias de Alicante (INA), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche (Alicante) con la ponencia «Plasticidad cerebral: Un proceso alimentado por las acciones cerebro-cuerpo».

En declaraciones a Efe, Lledo (Orán, 1962) ha manifestado que los cerebros no son un ente aislado que controla todo el cuerpo desde la cabeza sino que también reciben información interna procedente de todos los sistemas que forman el organismo.

De esta manera, tienen la facultad de tomar decisiones, pero muchas de ellas vienen condicionadas por los músculos, las hormonas, la sangre o los organismos que forman la microbiota de los intestinos.

Lledo ha explicado que el cerebro nunca para de renovarse y de reaccionar ante los estímulos y que en la primera infancia el desarrollo procede del exterior pero que conforme llega la edad adulta va aumentando la influencia de los estímulos internos.

«Una depresión puede ocurrir como resultado de una incorrecta ingesta de antibióticos», ha manifestado el neurólogo, «y alterar la dieta para cambiar la microbiota de los intestinos (el conjunto de bacterias, virus y hongos que se acumulan en el aparato digestivo) podría ser un buen tratamiento contra la ansiedad».

Ha destacado también la importancia de lo que los especialistas llaman «el cerebro social».

Según indica, «un cuarto del cerebro lo usamos para nosotros mientras que los otros tres cuartos funcionan en la interacción con otras personas».

«El cerebro quiere que compartamos equitativamente», ha subrayado, por lo que «la empatía, la compasión y el altruismo» son prácticas capaces de estimular el principal centro de operaciones del cuerpo humano.

Lledo lo ha ejemplificado con las diferencias entre el hombre de Neanderthal y el de Cromagnon. «Los neandertales carecían de cerebro social» ya que «cuando mataban a un animal para alimentarse, no lo compartían hasta que quedaban saciados».

«Sin embargo, los cromagnon inventan el fuego y comienzan a reunirse y a compartir vivencias a la hora de comer», lo que lleva al neurólogo francés a asegurar que ese fue uno de los principales motivos por los que una especie sobrevivió a la otra: «los neandertales desaparecieron porque no sabían compartir».

La unión de «ejercicio físico, restricción de calorías e interacción social» son las mejores actividades posibles para activar el cerebro.

El objetivo de todas ellas es la producción de la hormona GDF11, cuya presencia en el organismo decae a partir de los 20 años pese a que se trata de una molécula «antiinflamatoria que afecta a todos los sistemas» y que se secreta con la actividad física, el ayuno y la colaboración en sociedad.

Esta hormona, ha incidido Lledo, es capaz de «rejuvenecer» todos los sistemas del cuerpo.

La trascendencia de la interacción entre el cerebro y el resto de organismos del ser humano radica en que «algunas regiones cerebrales son muy dinámicas» y poseen «células madre muy sensibles» a la información que llega desde el interior.

Estas células, encargadas de la regeneración cerebral y la creación de nuevas neuronas, son cruciales para «conservar la memoria y mantener un mejor control de las emociones».

De esta forma, ha continuado el científico galo, en el campo de la neurología se ha producido en los últimos años «un cambio de visión estratégica para abordar terapias» dirigidas a enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer o el párkinson, entre otras.

«Llevamos más de veinte años intentando conseguir que las neuronas no mueran con todo tipo de medicamentos», ha sostenido antes de apuntar a «nuevas estrategias que pasen por influir en el sistema inmunitario, la sangre o la microbiota» con el objetivo de que el cerebro reciba los estímulos necesarios para producir neuronas nuevas.

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